26 Jun

Cómo escoger el sombrero perfecto para toda la familia

Ha llegado el sol intenso, intensísimo, y toca protegerse. Si bien es cierto que a los más peques les ponemos siempre sombrerito, de los niños no tan peques y de nosotros mismos solemos restarle imporntacia y lo dejamos pasar. En una encuesta que hice en mi Instagram solo el 21% de las y los votantes usamos sombrero. ¡Me parece poquísimo! Sobretodo en las que pasamos mucho tiempo fuera con los peques.

No sé ni cuando empecé a usar sombrero pero en cuanto sube la temperatura no salgo sin él. Va con las gafas de sol, es ya un gesto automático. Los peques tienen los suyos en una caja junto a la puerta y ellos mismos escogen el que quieren llevar cuando salen sin decirles nada. Tener dos es suficiente si uno es neutro y va con todo, con el otro podemos arriesgarnos más.

Tanto para pasear como para pasar la tarde en el parque, playa o piscina, mantener la cabeza tapadita del sol es algo que nuestra salud va agradecer. Por no hablar de lo bien que tapan un buen despeinado o un pelo regulín de limpio ;D.

El sombrero nos puede evitar quemaduras, dolor de cabeza y muchas arrugas. La clave es elegir un modelo que nos resulte cómodo y nos guste, así nos lo pondremos seguro.

Claves para escoger sombrero

El objetivo de los sombreros es mantener la cabeza más fresca y proteger la piel de la cara, orejas y nuca de la acción del sol. De paso, si vamos monos, pues mejor.

  1. Talla correcta: si aprieta nos dolerá y nos hará sudar y si es muy grande se caerá y no se mantendrá en su sitio. Para saber la talla tenéis que medir la frente por encima de las cejas. En Internet encontraréis muchas tablas para saber que talla os corresponde según vuestro país.
  2. Material: para el verano debe ser ligero tela o paja, por ejemplo. Nada de sombreros de plástico o piel gruesa o se os achicharrará el cerebro (quizá eso no pero puede contribuir a un golpe de calor o dolor de cabeza).
  3. Color: los colores claros reflejan la luz del sol y nos ayudan a tener la cabeza más fresquita. Con los oscuros pasaréis mucha más calor, dejadlos para entretiempo. Por otro lado, los colores neutros son más fáciles de combinar ;D.
  4. Bisera o sombrero: la bisera tiene la desventaja de que no tapa la nuca ni las orejas pero la ventaja de que la puedes meter en cualquier bolso.
  5. Protección solar: para los bebés existen gorras con factor solar muy alto chulísimas que cubren la nuca y las orejas. Pero si sudan mucho, veréis que aguantarán mejor un sombrerito porque les da más el aire por la nuca (esto nos pasó a nosotros con el peque).
  6. Tamaño del ala: un pamelón puede ser muy mono pero es imposible de llevar si hace algo de viento, tienes que pegar una carrera detrás de un peque o hay mucha gente. Para estar en tu terracita o jardín leyendo es ideal, también para paseos tranquilos sin viento y queda mono en eventos (incómodo, vas chocando con todo el mundo). Si aún así quieres pamela elige ala no muy ancha y flexible que son más ponibles. Los de ala más corta son más cómodos. Si estás en zona de mucho viento, añádele un cordón y listo.
  7. Completos o sin la parte de arriba: sin la parte de arriba van bien para entretiempo pero con sol intenso mejor completo.
  8. Estilo: Busca y rebusca, seguro que encuentras algo que va ideal contigo. Pasa de supermega moda del momento, si no es lo tuyo. Para los hombres también los hay ideales aunque solo los más estilosos dejan las biseras y se los ponen a diario ( ¿o no?). Con los niños es cuestión de acostumbrarles de pequeños y dejarles escoger cuando son un poco más mayores aunque será difícil obligarles si no quieren.

Pues ya sabéis como escoger un sombrerito. A mí me toca comprar uno o dos porque solo tengo uno que han espachurrado en la mudanza.

TIP: en invierno dejadlos con un chal o algo dentro para que no pierdan la forma y os durarán varias temporadas.

¿Cuál es el sombrero de tu vida?

07 Mar

¿Náuseas del embarazo o intolerancia al hierro?

¡Embarazada! ¡Yupiiii!

Es genial, claro… pero te encuentras mal.

Hecha polvo.

Fatal.

El estómago revuelto, te duele, tienes nauseas y/o vómitos. Casi no puedes comer ni beber.  ¡Ni siquiera agua sin gas!

Dicen que es normal sentirse así sobre todo los primeros meses así que ya se pasará, ¿no?

Pues a lo mejor no.

De hecho, a mí me fue bastante a peor (y a la vecina del tercero, a la madre de una niña del Spielgruppe, a la cajera del súper de enfrente…).

¿Estás tomando un suplemento de hierro o un suplemento vitamínico que contiene hierro? Cabe la posibilidad de que no lo toleres y cada vez hará que te sientas más enferma.

Por lo visto es bastante habitual no tolerar los suplementos que contienen hierro. A algunas mujeres les funciona cambiarlo por otro o que le reduzcan la dosis. A otras solo les funciona no tomarlo más.

En mi primer embarazo me dieron en las primeras semanas un suplemento multivitamínico que tenía hierro.  Pronto empecé a sospechar que el suplemento no me sentaba muy bien en el estómago. Dejé de tomarlo todos los días. Al final del embarazo, a penas lo tomaba ya.

En realidad, no pensé específicamente en intolerancia al hierro más bien en el tamaño de la pastilla o algún componente que producía acidez o algo así.

Nadie me previno de la posible intolerancia al hierro.

Cuando en el control médico dije que creía que la pastilla (tamaño XXL, por cierto) me sentaba mal, me dijeron que no era por eso que era porque el estómago tenía mucha presión y falta de espacio.

Vamos, que pasaron de mí.

A pesar de las pastillas esas, no tuve náuseas pero en este embarazo estuve fatal. No vomitaba pero no podía ni tomar agua.

No sé en que momento las náuseas se convirtieron en dolor y llegó un momento que no podía ni dormir por las noches de lo mal que estaba.

Esta vez tenía una pastillita solo con hierro y ácido fólico. Lo pedí yo específicamente (y me la dieron, conste) por si la grande me sentaba mal como en el otro embarazo.

Cuando estaba muy mal no tomaba ningún suplemento ni comía ni bebía. Me resultaba imposible. A los pocos días mejoraba y vuelta a empezar.

Esta vez empecé a sospechar directamente del hierro. En vez de preguntar en el siguiente control médico y que no me hicieran caso de nuevo, decidí primero hacer una comprobación: no volví a tomar suplemento de hierro.

Cada día me sentía mejor.

Cuando llegué al control, se lo expliqué a la doctora que, por cierto, no es la misma que en el primer embarazo. Me dijo que era bastante frecuente no tolerar el hierro.

¡¿Cómo?! A buenas horas me entero… En fin.

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Unas semanas después cuando mi estómago estaba recuperado acepté probar con unas gotas con las que yo puedo regular la dosis. Además me recomiendan hacer días de descanso para no forzar y ponerme mal otra vez.

¿Cómo puedes saber si tienes intolerancia al hierro? Bueno, es complicado porque lo podemos confundir con las náuseas típicas del embarazo. Y quizá solo tengas eso.

Pero hay algunos síntomas que quizá te den pistas. A mí fueron el ardor y el intenso dolor de estómago los que me hicieron sospechar.

Síntomas de la intolerancia al hierro (suplementos)

Pueden ser varios, algunos son incluso opuestos como la diarrea o el estreñimiento. Entre los más comunes están:

  • Dolor de estómago.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Sensación de mareo.
  • Estreñimiento (si es muy severo puede acabar en hemorroides).
  • Diarrea.

Los síntomas pueden ser más o menos intensos. Uno o varios. En todo caso, lo mejor es que lo consultes con el médico. Evitarás pasarlas canutas innecesariamente.

Con el hierro de los alimentos no se da esta intolerancia. Así que puedes comer cuantos berberechos, almejas (los que más tienen de los alimentos habituales), lentejas y espinacas (tienen más fama pero muchísimo menos hierro) quieras.

Dicho esto, espero de corazón que seas de las afortunadas que no tienen ningún problema con el suplemento de hierro y te evites una buena anemia que te dejará hecha cisco y puede perjudicar al bebé.

¿Tuviste problemas con el suplemento de hierro en el embarazo? ¿Cómo se solucionó?

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