Libro: La casa de la alegría

¿Sabéis eso de intentar vivir una vida que no puedes permitirte económicamente? Os suena, ¿no?

Es que con este libro, La casa de la alegría, me resulta imposible no comparar la vida y aspiraciones de la protagonista con esas personas en las redes sociales que muestran una vida que quieren pero que no tienen porque no la pueden pagar. Fingen tener esa vida.

Al mismo tiempo, esas personas se dan cuenta de lo artificial que es esa vida. Una estupenda, vacía y falsa vida material.

Lo curioso de la comparación es que este libro es de 1905.

Hay cosas que no cambian, desde luego.

En La casa de la alegría la protagonista es Lily Bart, de veintinueve años. Hermosa, inteligente, con clase y de buena cuna. Criada para casarse bien. Y para vivir bien, fiestas, viajes, lujos y comodidades. Lily, además, detesta profundamente la pobreza y la fealdad.

Su problema es que no puede permitir la vida a lo grande que le gusta porque no dispone de más que de una pequeña renta. Huérfana desde los diecinueve años, la austera tía que la ha acogido la respalda económicamente pero de una forma limitada.

Sabe lo que tiene que hacer para conseguir la vida que quiere, casarse, pero ha saboteado cada una de las oportunidades que ha tenido.

El motivo de su auto sabotaje es que le gusta un hombre, un abogado, que no tiene dinero aunque es bien considerado en los círculos que ella quiere pero no podría pagarle la vida que a ella le gusta.

Él, Selden, aparece como un observador externo de ese grupo social aunque interactúa con él y es apreciado pero no se considera parte de él ni de sus juegos. Él representa unos valores morales de los que cree que carece que gran parte de esa clase alta.

Ella no es boba, aunque he visto comentarios que la tachan de ingenua, simplemente no es capaz de decidirse y renunciar o al amor o al dinero y eso la lleva a tomar decisiones que empeoran su situación.

No quiere renunciar a nada y sabe que no podrá tenerlo todo. Un dilemón de la leche, ¿o no? No tomar una decisión, también es una decisión.

Pero boba no es ya que se mantiene durante años siendo parte de esos juegos de la alta sociedad aunque de vez en cuando le toque perder y, a veces, no las vea venir. ¿Quién las ve venir el 100% de las veces? Nadie.

No hay más que ver como despliega su encanto para entretener, llamar la atención o llevar las conversaciones por donde le interesa. Es muy inteligente.

Los antagonismos son la guía con la que la autora, Edith Wharton, describe la hipocresía de la alta sociedad de aquel momento aunque, sinceramente, lo podemos extrapolar a cualquier sociedad en cualquier momento. Os cuento un poquito sin destapar mucho del libro. Veamos:

  • Lily y Rosedale: Ella tiene la clase que le viene de cuna, pero le falta el dinero. Él tiene el dinero pero le falta la clase. Ella le aportaría a él la clase y un ascenso social directo y él solucionaría los problemas económicos de ella. Los dos lo saben, él no lo disimula. Ella lo menosprecia. Son contrarios perfectos lo que los hace complementarios. El nuevo rico y la pija sin dinero tiene el mismo objetivo: los dos quieren vivir la misma vida.
  • La tía y la madre de Lily. La tía tiene dinero pero lleva una vida austera y recatada que le recomienda a Lily. La madre de Lily se arruinó y gastaba lo que no tenía, carecía del más mínimo autocontrol. A pesar de todo, enseñó a su hija a vivir rodeada de comodidades y entretenimientos sociales. Lily desprecia esa austeridad de los ricos por encima de todo y vive como su madre lo hacía aún sabiendo las consecuencias.
  • Selden dentro y fuera del grupo social: es apreciado en ese grupo sin ser ni considerarse parte de él, pero va con ese grupo. En la parte del libro que él incumple algo (no voy a contar más), él es como los demás.

En este libro ,además de los antagonismos reveladores, destaco lo siguiente:

  • Equilibrio en los personajes. Bien construidos, cada uno con su personalidad inconfundible pero sin artificios, ni grandes descripciones para aumentar su complejidad cuando no procede. No están adornados para llenar páginas sin aportar nada y eso siempre se agradece. Pero tampoco faltan datos para comprender la historia. Sus decisiones, sus giros y su comportamiento están en línea con el carácter de cada uno. Cuando acaba el libro, conoces a Lily y a algunos más de ellos, sabes como actuarían en según que situación.
  • Bien escrito. Hasta la ironía y los comentarios mordaces son bellos y elegantes.
  • Fácil de leer teniendo en cuenta de lo que va y cuando se escribió. No es un libro ligero, es más bien de esos que requieren pausas para reflexionar pero está escrito de forma que cualquiera puede leerlo. Sin artificios, ni descripciones de cosas o paisajes de varias páginas, sin palabrejas o frases para presumir (escritores-rollo, los llamo yo, jajaja).
  • Frases buenérrimas. Tiene un montón de frases para releer ¡en cada capítulo! La ironía abunda en este libro y te hará reír por como lo cuenta pero te dejará pensando.

Por todo ello, os recomiendo La casa de la alegría para cuando tengáis ganar de leer un libro que cuente verdades y nos hable de la hipocresía social de la que no hay muchos que se salven (nos salvemos).

Si lo has leído, ¿con qué frase sentenciadora te quedas? Yo no puedo elegir, jajaja.

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